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Seguridad alimentaria en tiempos del COVID-19

Actualizado: ene 7


La pandemia de COVID-19 ha provocado una crisis sanitaria, social y económica que está afectando a todos los países e industrias en el ámbito internacional. En este contexto, la cadena alimentaria en su conjunto (sector primario, industrial y de servicios) ha tenido que garantizar dos aspectos muy importantes.


Por un lado, el suministro de alimentos a la población, es decir, la seguridad alimentaria, y por otro, que esos alimentos sean seguros, lo que es la definición de inocuidad alimentaria.

Todo ello sin olvidar el asegurar la calidad de los productos, así como el cumplimento con las declaraciones de interés para el consumidor, tanto en el etiquetado como en las políticas de responsabilidad social corporativa.


La cadena alimentaria ha demostrado una vez más su madurez y compromiso con un gran esfuerzo y gracias a unos sistemas robustos, en muchos de los casos, ayudados por certificaciones que aportan transparencia, rigor y veracidad en las actuaciones realizadas y que, en tiempos de crisis, ponen de manifiesto la importancia de su implantación, seguimiento y consecución.


Asimismo, la situación del COVID-19 ha creado incertidumbre en la sociedad respecto a las soluciones aportadas por parte de las empresas para proporcionar seguridad y confianza en las medidas de actuación planteadas frente al SARS-CoV2. Medidas focalizadas en el mantenimiento de su actividad, la seguridad de sus trabajadores y la implantación de todos los requisitos necesarios para minimizar la probabilidad de contagios, manteniendo la calidad, la seguridad y la inocuidad alimentaria.


La garantía en estas actuaciones refuerza la confianza de clientes, proveedores inversionistas, factor clave para recuperar a un sector que, en su conjunto, ha sufrido un grave impacto.


Garantizar la inocuidad alimentaria

La cadena alimentaria tiene un papel vital para no convertir esta crisis de salud en una crisis alimentaria global. A medida que el virus se propaga, el sistema alimentario mundial se tensa debido al cierre de fronteras, las cuarentenas, el acopio de grandes cantidades de alimentos por parte de la población y los problemas e interrupciones de la cadena de suministro y el comercio.


Si bien, muchos de estos factores son competencia de los Gobiernos y Autoridades, otros, como la producción a máximo rendimiento para asegurar alimentos a la población manteniendo todas las garantías sanitarias, competen en gran parte al sector agroalimentario.


Cabe destacar que la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) ha dictaminado que actualmente no existen pruebas de que los alimentos planteen un riesgo para la salud pública en relación con el COVID-19. Marga Hugas, científica jefa de la EFSA, ha afirmado que “las experiencias de anteriores brotes de coronavirus afines, como el coronavirus causante del síndrome respiratorio agudo grave (SARS-CoV) o el coronavirus causante del síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS-CoV), indican que no se produjo transmisión a través del consumo de alimentos. Actualmente no hay pruebas que sugieran que este coronavirus sea diferente en ese sentido”.


Pero, aunque no existen evidencias de que esta enfermedad se transmita por alimentos, es necesario garantizar la inocuidad alimentaria para aquellas enfermedades que sí se transmiten por esta vía y que, debido a una tensión en el sistema, puede aumentar su probabilidad de aparición.


Es en este punto, donde las certificaciones, como son las enmarcadas dentro del ámbito del GFSI (Global Food Safety Initiative), cobran gran importancia, puesto que aseguran que el sector dispone de sistemas implantados que garantizan la salud de los consumidores incluso en momentos de gran estrés del sistema, como en la crisis que nos está aconteciendo.

Revista AENOR Septiembre 2020

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